El eterno retorno de las «sombras» en Olivos

Entre el mito gótico y los tribunales
Las recientes denuncias exhuman el viejo folklore místico de la residencia presidencial, donde las sospechas de «freezers mágicos» y «ritos de luna llena» operan como el peligroso biombo de una investigación penal por corrupción, desvíos de fondos y la repentina militarización de la Quinta presidencial de Olivos.
Por Oscar Dufour | (*)
La historia argentina parece atrapada en un bucle donde el poder político, cuando se encierra sobre sí mismo, recurre de forma sistemática a los sótanos del misticismo para justificar sus internas o blindar sus secretos. Lo que en la década de 1970 comenzó como una tragedia nacional bajo el influjo real y sanguinario de José López Rega, y mutó en los noventa y dos mil en limpiezas energéticas o desfiles de astrólogos devenidos en notas de color, adquiere hoy una fisonomía alarmante en la Quinta de Olivos. Las recientes y explosivas declaraciones de la diputada Marcela Pagano, que mixturan supuestos rituales esotéricos de «lunas llenas» y un «freezer místico» con denuncias penales por corrupción estatal, exigen trazar una línea divisoria urgente entre el folklore esotérico y la responsabilidad institucional.
El veredicto de la historia y el presente
En la Argentina, el esoterismo palaciego nunca ha sido una mera excentricidad privada, sino el síntoma definitivo de un poder que se repliega sobre sí mismo y clausura la transparencia. Ya sea en la violenta víspera de los setenta con López Rega o en las actuales intrigas de la era de Karina Milei. El misticismo en Olivos funciona como una pantalla de humo perfecta para desviar la atención de lo verdaderamente crucial: la caja pública, el control institucional y las cuentas que deben rendirse ante la Justicia. Para resguardar la salud republicana y democrática, la sociedad civil – al tiempo que los tribunales – deben disipar el folklore de las sombras y enfocar la luz de la verdad sobre los expedientes judiciales.
El peligro de la irrupción de lo esotérico en los pliegues del Estado nunca ha residido en las excentricidades privadas de quienes gobiernan, sino en el uso de la magia como opaco biombo de la realidad. Cuando López Rega consolidó su poder en los setenta, su misticismo no fue una simple anécdota de living; fue la cobertura ideológica para el desvío de los fondos del Ministerio de Bienestar Social hacia el financiamiento de la Triple A, la persecución armada y el aislamiento absoluto de la figura presidencial. El «Brujo» no gobernaba con las estrellas; gobernaba con la caja, el terror y las armas de las fuerzas paraestatales.
Salvando las distancias históricas y metodológicas, el patrón de comportamiento que rodea el actual escándalo denominado «Olivos Gate» repite una lógica preocupante: el secretismo oficialista alimentando el mito urbano para diluir la discusión de lo público. Las acusaciones de Pagano contra el entorno de la Secretaría General de la Presidencia -encabezada por Karina Milei– y la posterior eyección de funcionarios como María Belén Agudiez, no deben ser consumidas por la opinión pública como un simple guion de novela gótica o una guerra de «brujerías» palaciegas.
Detrás del relato mediático sobre listas de opositores congeladas y ritos umbanda, subyace una denuncia judicial severa en los tribunales de Comodoro Py que investiga el presunto desvío de 29 toneladas de carne premium y sobrefacturaciones mediante el uso de un CUIT irregular. Del mismo modo, la controvertida decisión de desplazar en masa al personal civil de la residencia presidencial para otorgar el control absoluto a la Casa Militar, no puede ser explicada livianamente como un intento de acallar a «testigos de rituales». Debe ser auditada bajo la estricta lupa de la transparencia institucional: el Estado no puede utilizar las prerrogativas de la seguridad militar para bloquear el acceso a la información pública o blindar presuntas irregularidades administrativas.

¿El misticismo de Olivos como pantalla del secreto oficial?
Hasta tanto la Justicia penal dictamine la veracidad material de las pruebas presentadas por la legisladora denunciante, el plano de lo místico debe permanecer donde pertenece: en el terreno del folklore político y la sociología del poder local.
Permitir que la agenda pública se empantane en debates sobre la efectividad de la magia negra o el esoterismo de lunas llenas es otorgarle un triunfo al secretismo. La ciudadanía no debe mirar el cielo buscando explicaciones astrológicas; debe mirar los expedientes judiciales y los balances del erario público.
La salud cada vez más deteriorada de nuestra Patria depende de que los actos de gobierno se juzguen por la ley y la transparencia, y NUNCA MÁS por los mitos sembrados en las «sombras» de Olivos.
Los que quieran oír… que oigan
(*) Oscar Dufour es escritor, periodista y ensayista Argentino. Presidente © Grupo Agencia del Plata. Columnista de medios internacionales. Vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Moreno – Provincia de Buenos Aires
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