La institucionalidad bajo el fuego en Argentina: Por qué el ataque de Milei a la prensa dinamita el pacto democrático

Las violentas declaraciones de Javier Milei contra el periodismo exceden la legítima disputa política. Al evocar la pira medieval frente a las investigaciones de la «causa Libra», el gobierno anarco-colonialista dinamita los consensos democráticos más elementales. La advertencia del propio oficialismo y el categórico repudio del Movimiento Nacional Justicialista exponen la urgencia de frenar una deriva autoritaria que busca disciplinar la verdad a través del miedo.
Por Oscar Dufour | (*)
El violento discurso pronunciado por el presidente Javier Milei durante la cena de la Fundación Faro marca un punto de inflexión irreversible en la degradación del debate público en la Argentina. Afirmar de manera explícita que un grupo de periodistas de investigación «se tienen que quemar en la hoguera» trascienden el mero exabrupto folclórico de las redes sociales. Se trata de una amenaza de matriz inquisitorial que busca el disciplinamiento social a través del miedo. Cuando el titular del Poder Ejecutivo utiliza la máxima tribuna del Estado para señalar con nombre y apellido a trabajadores de prensa, no está ejerciendo su derecho a la réplica; está validando la pira sacrificial como método de resolución de diferencias políticas.
La historia demuestra que allí donde se intenta apagar la voz del periodismo, lo primero que se consume es la libertad de los ciudadanos. La Argentina de 1983 selló un pacto fundacional que proscribió la violencia de la discusión política. Permitir que la máxima investidura del país naturalice la persecución ideológica bajo metáforas medievales nos arrastra a un pasado oscuro que la sociedad ya decidió dejar atrás. Defender a la prensa frente a la intolerancia del poder no es una opción corporativa: es la condición indispensable para que la democracia siga siendo posible.
La gravedad institucional del hecho quedó expuesta de forma descarnada cuando el propio espacio libertario admitió públicamente que el mandatario «cruzó un límite». Si desde los sectores que sostienen el andamiaje del gobierno se reconoce que la figura de la hoguera no es una forma válida de defender ideas sino una violencia desmedida, la justificación de que se trata de «simples metáforas» cae por su propio peso. En una República, la palabra presidencial acarrea responsabilidad jurídica y simbólica; encender las pasiones colectivas contra los encargados de fiscalizar al poder es una incitación directa a la agresión física.

Entre el pánico a la fiscalización del poder y la intolerancia al disenso, la amenaza del presidente Milei de enviar comunicadores a la hoguera quiebra las bases de la convivencia republicana.
Desde la perspectiva histórica y doctrinaria de nuestro Movimiento Nacional Justicialista, el ataque sistemático a la prensa por parte de la actual administración anarco-colonialista no hace más que confirmar su deriva autoritaria e intolerante. Referentes y legisladores del peronismo salieron firmemente a cruzar la avanzada oficialista, advirtiendo que «quienes aplauden como focas la amenaza de quemar en la hoguera a periodistas son corresponsables de avivar las llamas». El Justicialismo sostiene que la libertad de prensa y el libre ejercicio de la labor periodística no constituyen concesiones graciosas del poder de turno, sino derechos fundamentales e inalienables de la Constitución Nacional. Para nuestro Movimiento, apelar a símbolos medievales de persecución ideológica busca desviar la atención de las alarmantes realidades socioeconómicas que golpean cruelmente al pueblo trabajador.
El periodismo libre como pilar innegociable de la democracia.
La justificación presidencial, amparada en un polémico sobreseimiento exprés dictado por el juez Marcelo Martínez de Giorgi en la denominada «causa Libra», devela el verdadero trasfondo de los nervios del Ejecutivo: el pánico al control y a la transparencia. Pretender clausurar las investigaciones sobre presuntas estafas con criptoactivos mediante el hostigamiento público a reconocidos periodistas de diversos signos ideológicos –como Carlos Pagni, Hugo Alconada Mon, Natalia Volosín, Luis Novaresio y Paulino Rodrigues– demuestra que el Gobierno confunde la impunidad judicial temporal con la infalibilidad política.
La convivencia democrática resulta imposible si se sataniza y se condena a la muerte civil a quien ejerce la crítica. El periodismo, con todas sus falencias y tensiones, es un pilar indispensable para evitar la tiranía del pensamiento único. La pira inquisitorial pertenece a las páginas más oscuras del pasado de la humanidad; la libertad para informar, investigar y disentir pertenece al presente y al futuro de la República Argentina.
Sostener los micrófonos y las plumas frente a la intolerancia gubernamental ya no es solo una defensa corporativa de nuestra profesión, sino un acto de estricta legítima defensa democrática.
Los que quieran oír… que oigan
(*) Oscar Dufour es escritor, periodista y ensayista Argentino. Presidente © Grupo Agencia del Plata. Columnista de medios internacionales. Vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Moreno – Provincia de Buenos Aires
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